14/2/22

Bloom

Que mágico es el mundo de la imaginación, usualmente hace de motor para que sigas adelante. Lo que ves en tu mente es lo que a veces te salva, aunque afuera no sea real, ese mundo utópico te hace sonreír, pero también te hiere cuando sos consciente que esa historia sólo pasa ahí, dentro tuyo. Y son todas esas historias, que me invento, las que me mueven y más que me hacen ver que algo puede ser, hasta que la alarma de mi cabeza suena, revelando así que ese letargo era solo un invento mío, que puede ser que jamás pase, ¿puede ser? Más bien, jamás pasará. Al fin y al cabo no son más que historias sin fin, redactadas en la mente, para aliviar el dolor del rechazo, del desamor, de la desilusión cotidiana que uno mismo se da.

Sin embargo siempre queda esa pizca de ilusión, la que también te hace mover hacia adelante, con altos y bajos.

Que dicha la de pensar en eso, uno se pierde en esos pensamientos distopicos que hasta se vuelven reales, tan fuerte es ese deseo que confiamos en que se haga verdad, sabiendo que en el fondo es casi imposible. Que dicha también la de saber que existís, la de conocerte y admirarte de lejos, porque más allá de la cercanía, en otros aspectos, es lo contrario lo que noto que pasa por tu mente. Pero quien soy yo para saber que acontece en el interior de tu cabeza, aquella que parece tan noble y merece ser apreciada. Me siento minúscula cuando estoy junto a vos, casi inexistente, que es lo que creo que soy cada vez que te frecuento, incluso cuando no. Seré siempre esa sombra que te admira desde atrás de las paredes, atrás de una pantalla. Puede que me esté apurando, pero la clave es como se siente uno más allá de lo físico, la comodidad. Tal vez no sea lo que buscas, en cierto punto, pero que descubras lo verdadero sería un honor y una batalla ganada entre lo que es y lo que debería ser. 

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